¿Y qué ocurre con el sufrimiento? ¿Es el sufrimiento el camino hacia
Dios? Algunos dicen que es el único camino...
A mí no me gusta el sufrimiento, y si alguien dice lo contrario es que
no me conoce.
El sufrimiento es un aspecto innecesario de la experiencia humana. No
sólo es innecesario; es también insensato, desagradable y peligroso para
la salud.
Entonces, ¿por qué hay tanto sufrimiento? ¿Por qué Tú, si eres Dios, no
le pones fin, ya que tanto te desagrada?
Ya le he puesto fin. Pero sencillamente os negáis a utilizar las
herramientas que os he dado para hacerlo.
Y es que el sufrimiento no tiene nada que ver con los acontecimientos,
sino con cómo reacciona uno ante ellos.
Lo que sucede es meramente lo que sucede. Pero lo que uno piense de ello
es otra cuestión.
Yo os he dado las herramientas con las que responder y reaccionar ante
los acontecimientos de modo que el dolor disminuya - en realidad, se
elimine -, pero no las habéis utilizado.
Perdona, pero ¿por qué no eliminas los acontecimientos?
Una buena pregunta. Desgraciadamente, Yo no los controlo en absoluto.
¿Qué no los controlas en absoluto?
Por supuesto que no. Los acontecimientos son sucesos en el tiempo y el
espacio que vosotros producís por decisión propia; y Yo nunca
interferiré en vuestras decisiones. Hacerlo equivaldría a ignorar la
propia razón de haberos creado. Pero todo esto ya lo he explicado antes.
Algunos acontecimientos los producís intencionadamente, y otros los
atraéis más o menos conscientemente. Algunos de ellos - los grandes
desastres naturales se hallan entre los que incluís en esta categoría -
los atribuís al “destino”.
Sin
embargo, él “destino” no es más que el conjunto de todos los
pensamientos; en otras palabras, la conciencia del planeta.
La “consciencia colectiva”...
Precisamente. Eso es.
Hay quienes dicen que el mundo tiene los días contados. Nuestra ecología
esta agonizando. Nuestro planeta se encamina hacia un gran desastre
geofísico: terremotos; volcanes; quizás incluso un cambio en la
inclinación del eje terrestre. Y hay otros que afirman que la
consciencia colectiva puede cambiar todo eso; que podemos salvar a la
Tierra con nuestros pensamientos.
Los pensamientos se convierten en acción. Si un número suficiente
de personas creen que se debe hacer algo en auxilio del medio ambiente,
salvaréis a la Tierra. Pero debéis apresuraros, pues se ha hecho
ya mucho daño y durante mucho tiempo. Y se requerirá un gran cambio de
actitud.
¿Quieres decir que, si no lo hacemos, veremos cómo la Tierra es
destruida, junto con sus habitantes?
Yo he hecho las leyes del universo físico lo bastante claras como para
que cualquiera pueda entenderlas. Hay leyes de causa y efecto que ya han
aparecido suficientemente clarificadas a vuestros científicos, a
vuestros físicos, y, a través de ellos, a vuestros líderes mundiales. No
es necesario clarificar dichas leyes una vez más.
Volvamos al sufrimiento. ¿De
dónde hemos sacado la idea de que el sufrimiento es bueno, de que el
santo “sufre en silencio”?
El santo sí “sufre en silencio”, pero eso no significa que el
sufrimiento sea bueno. Los aprendices de Maestro sufren en silencio
porque entienden que el sufrimiento no es el camino hacia Dios, sino más
bien un signo cierto de que todavía les queda algo que aprender
en el camino hacia Dios; algo que recordar.
El auténtico Maestro no sufre en silencio en absoluto, sino que
únicamente parece estar sufriendo sin quejarse. La razón de que el
auténtico Maestro no se queje es que el auténtico Maestro no está
sufriendo, sino simplemente experimentando una serie de
circunstancias que vosotros llamaríais insoportables.
Un Maestro practicante no habla de sufrimiento, sencillamente porque
entiende claramente el poder de la Palabra; por tanto, simplemente
decide no hablar de ello.
Hacemos real aquello a lo que prestamos atención. Y el Maestro lo sabe.
El Maestro se reconoce en que escoge aquello que decide hacer real.
Todos vosotros lo hacéis de vez en cuando. No hay ninguno de vosotros
que no haya hecho desaparecer un dolor de cabeza, o que una visita al
dentista haya resultado menos dolorosa, por medio de una decisión al
respecto.
Un Maestro simplemente toma la misma decisión en asuntos de mayor
importancia.
Pero ¿por qué sufrimos? ¿Por qué tenemos siquiera la posibilidad de
sufrir?
No podéis conocer, ni llegar a ser, aquello que sois, en ausencia de
aquello que no sois, tal como ya te he explicado.
Sigo sin entender por qué tenemos la idea de que el sufrimiento es
bueno.
Actúas con buen juicio al insistir en esta pregunta. El saber originario
en torno a la cuestión de sufrir en silencio se ha pervertido de tal
modo que actualmente muchos creen (y varias religiones realmente
enseñan) que el sufrimiento es bueno, y la alegría es mala.
Por lo tanto, habéis decidido que, si alguien tiene cáncer y no se lo
dice a nadie, es un santo; y, en cambio, si alguien posee una sexualidad
vigorosa (por elegir un tema explosivo) y lo celebra abiertamente, es
una pecadora.
¡Chico, realmente has elegido un tema explosivo! Además, has cambiado
hábilmente el pronombre de masculino a femenino. ¿Con qué idea lo has
hecho?
Con la de mostrarte vuestros prejuicios. No os gusta pensar en que una
mujer tenga una sexualidad vigorosa, y mucho menos en que lo
celebre abiertamente.
Preferiríais ver a un hombre agonizando sin un gemido en el campo de
batalla que a una mujer haciendo el amor con muchos gemidos en la calle.
¿Tú no?
Yo no tengo ningún juicio respecto a lo uno o lo otro. Pero vosotros
tenéis toda una serie de juicios; y te diría que son vuestros juicios
los que impiden vuestra alegría, y vuestras expectativas las que os
hacen infelices.
Todo esto junto es lo que causa vuestro mal - estar, y, en consecuencia,
da origen a vuestro sufrimiento.
¿Cómo sé que lo que dices es cierto? ¿Cómo sé siquiera que es Dios quien
me habla, y no mi propia imaginación hiperactiva?
Eso ya me lo has preguntado antes. Y mi respuesta es la misma. ¿Qué
diferencia hay? Aunque todo lo que te he dicho estuviera “equivocado”,
¿se te ocurre un modo mejor de vivir?
No.
¡Entonces, lo “equivocado “ es correcto, y lo “correcto” es
equivocado!
Déjame que te diga algo, para ayudarte en tu dilema: no te creas nada de
lo que te diga. Simplemente, vívelo. Experiméntalo. Luego vive
cualquier otro paradigma que quieras construir. Después, ten en cuenta
tu experiencia a la hora de encontrar tu verdad.
Un día, si tienes mucho valor, experimentarás un mundo en el que hacer
el amor se considerará mejor que hacer la guerra. Ese día te
regocijarás.