Introducción
Bienvenido a
este libro.
Me gustaría
que consideraras algo extraordinario. Me gustaría que
consideraras la posibilidad de que este libro fue creado sólo
para ti. Si puedes aceptar esta suposición, me parece que estás
a punto de vivir una de las experiencias más
decisivas de tu existencia. Ahora me gustaría que consideraras
algo todavía más extraordinario.
Me gustaría
que consideraras la posibilidad de que este libro fue creado
para ti, por ti. Si puedes imaginar un mundo en el que nada te
ocurre a ti y en eI que todo ocurre a través de ti, habrás
comprendido el mensaje que pretendías enviarte a ti mismo
dentro de estas siete frases. No le puedes pedir a un libro que
informe con más rapidez.
Bienvenido a
este momento.

Aquí eres
"bien venido", pues tú propiciaste este momento para tener la
bendita experiencia que estás a punto de vivir.
Has buscado
las respuestas a las preguntas más significativas de la vida una
y otra vez, con seriedad y sinceridad; de lo contrario no
estarías aquí.
Esta
búsqueda se ha efectuado en tu interior, sin importar si ha
pasado a ser parte importante de tu vida exterior.
Es lo que
te ha impulsado a tomar este libro.
Cuando lo
hayas comprendido, habrás descubierto uno de los misterios más
grandes de la vida: por qué las cosas ocurren como ocurren.
Todo ello en
catorce frases.
Bienvenido
a este encuentro con el Creador. No hubieras podido evitarlo.
Tarde o temprano, todas las personas se reúnen con Él.
Las personas
que buscan seriamente la verdad tienen este encuentro muy
pronto. La sinceridad es un imán que atrae a la Vida. Y la Vida
es sólo otra palabra para llamar a Dios.
La
persona que busca con sinceridad, recibe con sinceridad La Vida
no se miente a sí misma.
Por eso has
llegado hasta aquí y te has puesto a leer estas palabras. Tú
mismo te has colocado aquí, no ha sido por accidente. Reflexiona
detenidamente cómo llegaste hasta aquí y verás.
¿Crees en la
inspiración divina? Yo sí, tanto para mí como para ti.
A algunas
personas no les agrada cuando alguien dice que ha recibido la
inspiración divina. Me parece que se debe a varias razones.
Primera, la
mayoría de la gente no cree haber recibido nunca la inspiración
de Dios, cuando menos de manera inmediata, o sea, por
comunicación directa. Por tanto, sospecha de cualquiera que lo
afirme.
Segunda,
afirmar que Dios es nuestra inspiración indica cierta
arrogancia que implica que no se puede discutir ni encontrar
defecto alguno a la inspiración divina debido a su origen.
Tercera,
muchos de los que han afirmado recibir la inspiración divina
han sido personas difíciles de tratar; por ejemplo, Mozart,
Rembrandt, Miguel Ángel y muchos papas, además de las
innumerables personas que han cometido barbaridades en nombre de
Dios.
Finalmente,
hemos convertido en santos a los que sí consideramos inspirados
directamente por Dios, de manera que no estamos seguros de cómo
tratarlos, o cómo relacionamos normalmente con ellos. En
resumen, a pesar de que son maravillosos, nos hacen sentir
incómodos.
De modo que
sentimos bastante desconfianza ante esta afirmación de que "Dios
es mi fuente". Y quizá está bien que nos sintamos así. No
queremos tragamos todo lo que los demás nos dicen, sólo porque
afirman que traen un mensaje del Altísimo. .
Pero, ¿cómo
podemos distinguir lo que es de inspiración divina de lo que no
lo es? ¿Cómo podemos saber a ciencia cierta quién dice la
verdad?
¡Ah, ésa es
la gran pregunta! Pero éste es el gran secreto: no necesitamos
saberlo. Lo único que debemos saber es nuestra verdad, no la de
los demás. Una vez que lo comprendemos, lo entendemos todo.
Comprendemos que lo que dicen los demás no necesita ser la
Verdad; sólo debe conducimos a nuestra propia verdad. Y así será
inevitablemente, tarde o temprano.
Todas las
cosas nos conducen a nuestra verdad más íntima. Ése es su
propósito.
En efecto,
ése es el propósito de la Vida.
La Vida es la
verdad que se revela ante Sí misma.
Dios es la
Vida que se revela ante Sí.
No podrías
detener este proceso aunque quisieras, pero sí puedes
acelerarlo.
Eso es lo que
estás haciendo aquí.
Por eso has
tomado este libro.
Este
libro no afirma contener la Verdad. Su propósito es el de
guiarte hacia tu propia sabiduría interior. No es necesario que
estés de acuerdo con su contenido para que logre su propósito.
De hecho, no importa que estés o no de acuerdo. Si estás de
acuerdo, será porque ves en este libro tu propia sabiduría. Si
no lo estás, será porque no puedes verla. En ambos casos serás
conducido a tu propia sabiduría.
De modo
que agradécete por este libro, porque ya te ha dejado claro un
punto muy importante: La autoridad más importante reside en ti.
Esto se
debe a que cada uno de nosotros tiene conexión directa con lo
Divino.
Cada uno
puede tener acceso a la sabiduría eterna. En realidad, creo que
Dios nos inspira a todos en todo momento. Y, aunque todos
hayamos tenido esta experiencia, algunos la llaman de otro
modo:
Eventualidad
Coincidencia
Suerte
Accidente
Experiencia
fuera de lo común Encuentro fortuito e incluso Intervención
Divina
Estamos
dispuestos a reconocer que Dios interviene en nuestra vida,
pero somos incapaces de aceptar la idea de que pueda inspiramos
a pensar, decir o hacer algo en concreto. Nos parece que eso es
pasarse de la raya.
Voy a pasarme
de la raya.
Voy a
declarar que creo que Dios me ha inspirado a escribir este
libro y a ti a tomarlo. Ahora pongamos a prueba esta idea
frente a las posibles razones que te inspirarían desconfianza.
Primero,
tengo la certeza, como acabo de decir, de que todos somos
inspirados por Dios, siempre. No creo que tú ni yo seamos
especiales, ni que Dios nos haya conferido determinado poder,
ni que nos haya concedido un don particular que nos permita
comulgar con lo Divino. Creo que todos nos encontramos en este
estado de comunión continua y que podemos experimentarlo de
manera consciente cada vez que lo deseemos. De hecho, para mí
que ésta es la promesa de muchas religiones.
Segundo, no
creo que nuestras palabras, acciones o escritos se vuelvan
infalibles cuando experimentamos un momento de apertura con lo
Divino. Con todo respeto a cualquier religión o movimiento que
afirme que su fundador o líder actual es infalible, pienso que
las personas con inspiración divina sí cometen errores. Y de
hecho creo que los cometen con regularidad. Por tanto, no creo
que cada palabra de la Biblia, del Bhagavad Gita o del Corán
sean literalmente verdaderas, ni que todo lo que dice el Papa
cuando habla ex cátedra sea correcto, ni que todas las acciones
de la Madre Teresa hayan sido las mejores en su momento. Sí creo
que la Madre Teresa recibía la inspiración divina, pero eso y
ser infalible son dos cosas muy distintas.
Tercero,
convivir conmigo puede llegar a ser muy difícil (quienes han
convivido conmigo lo saben mejor que nadie) y no es que quiera
decir que tú también tienes defectos, pero creo que los míos no
me impiden recibir la ayuda y orientación directa de Dios. De
hecho, creo todo lo contrario.
Finalmente,
no creo que me vaya a convertir en un "santo" que provoque la
incomodidad de los demás. Más bien creo todo lo contrario. Si la
gente llega a sentirse incómoda conmigo, probablemente sea
porque no soy lo suficientemente santo. Practicar lo que
predico es un reto. Puedo escribir y decir frases muy
inspiradoras, pero a veces me sorprendo haciendo cosas que no lo
son.
Me encuentro
en un camino, y desde luego que no he llegado a mi destino. Al
parecer, ni siquiera estoy cerca. En realidad, la única
diferencia entre la persona que soy ahora y la que era antes es
que, ahora, cuando menos he encontrado el camino. Sin embargo,
para mí, es un gran avance. Pasé la mayor parte de mi vida sin
saber siquiera adónde me dirigía y luego preguntándome por qué
no llegaba a mi destino.
Ahora sé
adónde me dirijo. Vaya Casa, de regreso a la plena conciencia y
experiencia de mi comunión con Dios. Y nada me lo puede impedir.
Dios me lo ha prometido y yo creo en su promesa, por fin. .
Dios también
me ha enseñado el camino. Bueno, no el camino, sino un camino.
Pues la verdad más grande de Dios es que no existe un solo
camino a Casa, sino muchos. Existen miles de caminos hacia Dios
y todos llegan a Él.
En efecto,
todos los caminos conducen a Dios, porque que no hay otro lugar
adónde ir.
De eso habla
este libro, de cómo llegar a Casa. Analiza la Unidad con lo
Divino, o lo que yo llamo comunión con Dios. Describe un camino
hacia esa experiencia, un camino que recorre todas nuestras
ilusiones y nos dirige hacia la Realidad Máxima.

Este libro
habla con una sola voz. Creo que es la voz de Dios, la
inspiración de Dios, la presencia de Dios, que me mueve a mí y
a ti: Si yo no creyera que la voz de Dios, su inspiración y su
presencia circulan dentro de todos nosotros, tendría que dejar
de creer que Dios inspiró todas las religiones del mundo.
No estoy
dispuesto. Creo que en eso, todas las religiones están en lo
cierto: Dios sí entra en nuestra vida, de manera real y
presente, y no tenemos que ser santos ni sabios para que así
sea.
No es
necesario que te unas a mí en esta creencia, ni que creas en
todas las palabras de estas páginas. De hecho, sería más feliz
si no lo hicieras. No creas en nada de lo que leas aquí.
Reconoce.
Simplemente reconoce.
Reconoce si
algo de lo que aquí aparece es tu verdad. Si lo es, sabrás que
es verdad, pues te habrás reunido con tu sabiduría interior. De
no ser así, también lo sabrás, pues asimismo te habrás reunido
con tu sabiduría interna. En cualquiera de los casos obtendrás
grandes beneficios, pues habrás experimentado, en ese momento de
reunificación, tu propia comunión con Dios.

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Y ése era tu
propósito cuando llegaste aquí. A estas páginas.
Y a este
planeta.
Bendito
seas.
Neale
Donald Walsch
Ashland,
Oregon
Julio de 2000

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