La primera ilusión es:
EXISTE
LA NECESIDAD
Ésta no es sólo
la primera ilusión, sino la más grande. En ella se basan todas las
demás.
Todo lo que
experimentas en la vida, todo lo que sientes momento a momento, está
arraigado en esta idea y en los pensamientos que te inspira.
En el Universo,
la necesidad no existe. Uno necesita algo sólo si exige un resultado
preciso. El Universo no exige un resultado concreto. El Universo
es el resultado.

Asimismo, la
necesidad no existe en la mente de Dios. Dios sólo necesitaría de
algo si exigiera un resultado preciso. Dios no exige ningún
resultado concreto. Dios produce todos los resultados.
Si Dios
necesitara algo para producir un resultado, ¿dónde lo obtendría?
Nada existe fuera de Dios. Dios es Todo lo que Es, Todo lo que Fue y
Todo lo que Será. No existe nada que no sea Dios.
Quizá comprendas
mejor esta idea si usas la palabra "Vida" en lugar de "Dios". Las
dos palabras son sinónimos, de modo que no alterarás el significado,
simplemente aumentará tu comprensión.
Todo lo que
existe es Vida. Si la Vida necesitara algo para producir un
resultado, ¿en dónde lo obtendría? Nada existe fuera de la Vida. La
Vida es Todo lo que Es, Todo lo que Fue y Todo lo que Será.
Dios no necesita
que ocurra nada excepto lo que ocurre.
La Vida no
necesita que ocurra nada excepto lo que ocurre.
El Universo no
necesita que ocurra nada excepto lo que ocurre. Así son las cosas.
Así son, no como las has imaginado.
En tu imaginación
creaste la idea de necesidad a partir de la experiencia de que
necesitas cosas para sobrevivir. Ahora bien: supón que no te
importara vivir o morir. Entonces, ¿qué necesitarías?
Nada.
Supón que fuera
imposible que 1lo vivieras. Entonces, ¿qué necesitarías?
Nada.
De modo que ésta
es la verdad acerca de ti: es imposible que no sobrevivas. No
puedes evitar vivir. No se trata de si sobrevivirás, sino de
cómo. En otras palabras, ¿qué forma adoptarás? ¿Cuál será tu
experiencia?
Afirmo: no
necesitas nada para sobrevivir. Tu supervivencia está garantizada.
Te concedí vida eterna y nunca te la quité.
Al escuchar esto,
quizá digas: está bien, pero la supervivencia es una cosa y la
felicidad es otra. Quizá imagines que necesitas algo para poder
sobrevivir con alegría, que sólo puedes ser feliz en ciertas
circunstancias. Esto no es verdad, pero has creído que es verdad. Y
puesto que la creencia produce la experiencia, has experimentado la
vida de esta manera y has imaginado un Dios que también debe
experimentar la Vida de la misma manera. No obstante, esto es tan
falso en el caso de Dios como lo es para ti. La única diferencia es
que Dios lo sabe.
Cuando lo
comprendas, serás como Dios. Habrás dominado el arte de la vida y tu
realidad entera cambiará.
Ahora te revelaré
este gran secreto: la felicidad no es producto de determinadas
condiciones. Ciertas condiciones son producto de la felicidad.
Es una
declaración tan importante que merece repetirse.
LA felicidad no
es producto de determinadas condiciones. Ciertas condiciones son
producto de la felicidad.
Esta declaración
también se aplica a los demás estados del ser.
El amor no es
producto de determinadas condiciones. Ciertas condiciones son
producto del amor.
La compasión no
es producto de dete17ninadas condiciones. Ciertas condiciones son
producto de la compasión.
La abundancia no
es producto de determinadas condiciones. Ciertas condiciones son
producto de la abundancia.
Sustituye
cualquier estado del ser que puedas imaginar o inventar. La verdad
seguirá siendo que el estado del Ser precede a la experiencia y la
produce.
Como no lo has
comprendido, has imaginado que deben ocurrir ciertas cosas para que
puedas ser feliz, y también has imaginado un Dios a quien se aplica
la misma regla.
Sin embargo, si
Dios es la "Primera Causa", ¿podría ocurrir algo que Dios no hubiera
causado primero? Y si Dios es todopoderoso, ¿qué podría ocurrir sin
que Dios lo decidiera?
¿Es posible que
ocurra algo que Dios no pueda detener? ¿Y si Dios no lo
detiene, no es algo que Dios decide?
Por supuesto que
sí.
Sin embargo, ¿por
qué habría de elegir Dios que sucedan cosas que lo hicieran infeliz?
La respuesta es una que no puedes aceptar.
Nada hace infeliz
a Dios.
No puedes creerlo
porque, para ello, tendrías que creer en un Dios sin necesidades ni
juicio y no puedes imaginar a un Dios así. La razón por la que no
puedes imaginar a un Dios así es que no puedes imaginar una
persona así. No crees que tú puedas vivir de esa manera y
no puedes imaginar a un Dios más grande que tú.
Cuando por
fin logres comprender que sí puedes vivir de esta manera,
entonces sabrás todo lo que necesitas saber acerca de Dios.
Sabrás que tu
segunda afirmación fue la correcta. Dios no es más grande que
tú. ¿Cómo podría serlo? Pues Dios es Lo que Eres tú y tú eres Lo que
Es Dios. Sin embargo, tú eres más grande de lo que crees.
Los Maestros lo
saben. En este momento, hay en el planeta Maestros que lo saben.
Aunque estos Maestros provengan de muchas tradiciones, religiones y
culturas, todos tienen algo en común.
Nada hace
infelices a los Maestros.
En los albores de
tu primitiva cultura había muy pocos Maestros. El único deseo de la
mayoría de las personas era evitar la infelicidad o el dolor. Su
conciencia era demasiado limitada para que pudieran comprender que
el dolor no producía infelicidad, de modo que su estrategia para la
vida se basaba en lo que posteriormente se describió como el
Principio del Placer. Se dirigían hacia lo que les brindaba placer y
se alejaban de lo que les privaba del placer (o les causaba dolor).
Así, pues, nació
la primera ilusión, la idea de que existe la necesidad.
Fue lo que
podríamos llamar el primer error.
La necesidad no
existe. Es ficción. En realidad, no necesitas nada para ser feliz.
La felicidad es un estado mental.
Los primeros
individuos no podían comprenderlo. Y puesto que sentían que
necesitaban ciertas cosas para ser felices, supusieron que lo mismo
se aplicaba a todos los aspectos de la Vida. Supusieron además
aquella parte de la Vida que identificaron como un Poder Superior,
un poder que generaciones sucesivas han conceptual izado como un ser
vivo que tiene toda una variedad de nombres, entre ellos Alá,
Yahvé, Jehová y Dios.
Para los primeros
seres humanos no era difícil concebir un poder superior a sí
mismos. De hecho, les resultaba necesario. Necesitaban una
explicación de todas las cosas que ocurrían sin que pudieran
controlarlas.
Su error no fue
suponer que había un Dios (el poder combinado y la energía combinada
de Todo lo que Es), sino suponer que este Poder Absoluto y esta
Energía Total pudiera necesitar de algo; que, de alguna manera, Dios
depende de algo o de alguien para ser feliz o sentirse satisfecho,
completo o realizado.
Era tanto como
afirmar que la Plenitud no estaba completa, sino que necesitaba de
algo para volverse plena. Era una contradicción, pero no
podían verlo. En la actualidad, todavía muchos no lo pueden
entender.
A partir de esta
creación de un Dios dependiente, las personas elaboraron una
historia cultural en la que Dios concibe un plan. En otras
palabras, Dios quiere y necesita que ocurran ciertas cosas, y de
determinadas maneras para que Él sea feliz.
Las personas han
reducido esta historia cultural a un mito que se ha cristalizado
como: Hágase, Señor, Tu voluntad.
Su idea de que Yo
tenía una voluntad los forzó entonces a imaginar cuál era Mi
voluntad. Pronto descubrieron que, entre los de su especie, no
existía un consenso universal al respecto. Y, si no todos sabían o
coincidían en cuál era la voluntad de Dios, no era posible que
todos estuvieran cumpliendo la voluntad de Dios.
Los más
ingeniosos usaron este razonamiento para explicar por qué las vidas
de algunas personas parecían mejores que las de otras. Pero
entonces surgió una nueva pregunta: ¿Cómo era posible que no se
hiciera la voluntad de Dios, si Dios era Dios?
Era evidente que
había un defecto en aquella primera ilusión. Esto les debía haber
revelado que la idea de necesidad era falsa. Pero ustedes sabían, en
un nivel muy profundo, que no podían abandonar la ilusión o
algo muy importante llegaría a su fin.
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Tenían razón.
Pero cometieron un error. En lugar de percibir la ilusión como
tal y usada para el fin que pretendía, pensaron que debían
corregir su defecto.
Con el fin de
corregir el defecto de la primera ilusión crearon la segunda.

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