La sexta ilusión es:
EXISTE EL JUICIO
Tu decisión de
que debes hacer algo para obtener algo de lo que no hay suficiente,
incluyendo a Dios, te ha obligado a responder algunas preguntas
difíciles: ¿Cómo se sabrá si una persona ha cumplido con el
requisito o no? ¿y qué sucederá con los que no lo cumplieron?

La respuesta a
estas preguntas dio lugar a la invención del juicio. Pensaste que
debía haber un árbitro, y como el Creador fue quien estableció el
requisito, lo lógico era que Él decidiera también quién lo había
cumplido y quién no.
Durante mucho
tiempo, tu especie estuvo convencida de que era necesario hacer algo
para complacer a Dios y que, de no ser así, las consecuencias serían
trágicas. Es comprensible que llegaran a esa conclusión; cuando
miraban a su alrededor, veían que a algunas personas les iba bien en
la vida y a otras no. La mente primitiva se preguntaba por qué. Y se
le ocurrió una respuesta primitiva:
La fortuna
sonreía sólo a quienes eran dignos de la gracia de los dioses. Los
dioses debían ser satisfechos y, posteriormente, nos juzgarían por
ello.
Conforme a esta
creencia surgieron sacrificios y rituales de todo tipo para
apaciguar a las exigentes deidades.
En este periodo
temprano, la sensación de insuficiencia de tu especie fue tan
intensa que llegaron a pensar que los dioses competían entre sí.
Existían muchos dioses a quienes complacer y solía ser fácil saber
qué había que hacer para mantenerlos a todos contentos.
Cada desastre,
cada granizada, cada huracán, cada sequía, hambruna, o calamidad
personal se consideraba prueba de que los dioses no estaban
satisfechos o, en ocasiones, de que estaban en guerra unos contra
otros.
¿De qué otra
manera se podría explicar lo que ocurría?
Ahora bien, estas
creencias surgieron durante los tiempos antiguos, pero a través de
los milenios se han ido refinando. Actualmente la mayoría no cree en
una larga lista de dioses enfurecidos a los que hay que apaciguar,
sino en un solo Dios enfurecido al que hay que apaciguar.
Aunque parezca
que tu especie ha evolucionado y que hace tiempo que dejó atrás esos
conceptos primitivos que visualizaban a un Dios vengativo, estas
ideas siguen dominando la teología de tu planeta.
El modelo de Dios
vengador nunca ha perdido popularidad en su sociedad. Han
aprovechado tanto los desastres personales como los planetarios para
demostrar su validez. En tiempos muy recientes hubo mucha gente,
entre ellos líderes religiosos, que proclamó que los infortunios de
la vida, como la epidemia de SIDA, eran un castigo de Dios por la
conducta individual o colectiva de la especie humana.
Muchas personas
siguen creyendo que existe un requisito establecido por Mí, el cual
deberán cumplir si desean recibir recompensas aquí y en el Cielo.
Continúan pensando que hay un tribunal que juzga quién ha cumplido
el requisito y quién no.
Por otra parte,
algunas teologías afirman categóricamente que nadie puede cumplir el
requisito, hagan lo que hagan; aunque tengan una vida perfecta, sin
ningún error, tropiezo o falta. Según dichas enseñanzas, todos nacen
imperfectos (algunas religiones lo llaman el pecado original), con
una mancha en el alma, antes de empezar a vivir.
Ningún acto puede
eliminar esta mancha, ni siquiera el arrepentimiento; sólo puede
lograrse por la gracia de Dios. Y Dios, según se enseña, no concede
esta gracia a menos que la persona se acerque a Él de un modo
concreto.
Esta enseñanza
manifiesta que yo soy un Dios muy quisquilloso, un Dios que no
concede el júbilo del Cielo a quien no haga lo que Yo diga.
Se ha dicho que
Yo soy muy obstinado en cuanto a esto; que en realidad no importa
cuán bondadosa, compasiva, generosa o noble haya sido una persona.
No importa cuán arrepentida esté por sus ofensas ni lo que haya
hecho para rectificar su conducta. No importa si le ha hecho al
mundo la contribución más grande para mejorar la vida en el planeta.
Si no ha venido a Mí por el sendero correcto, pronunciando las
palabras adecuadas y creyendo en la religión verdadera, no podrá
sentarse a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.
Ante tales
exigencias, esta idea podría llamarse presunción...
La especie
humana, convencida de que Dios ha levantado barreras para separarse
de ella, también ha interpuesto barreras entre sus individuos.
Basándose en una
página del libro de Dios (lo que a Mí me parece bien sin duda debe
aplicarse también entre ustedes), "ponen una mancha" sobre unos u
otros incluso antes de que hagan nada. Como ya he dicho, consideren
que las personas que son de un género, color o religión "equivocada"
están manchados. Y también en cuanto a nacionalidad, vecindario,
tendencia política u orientación sexual, o cualquier otra condición
"equivocada". Cuando se comportan así es como si jugaran a "ser
Dios".
Declaran que Dios
enseña a juzgar de esta manera, puesto que Él puso la primera mancha
de imperfección en el alma humana, Él los juzgó a ustedes antes de
que pudieran demostrar lo contrario.
Por lo tanto,
prejuzgar; es decir, tener prejuicios, debe ser aceptable, ya que si
Dios lo acepta, ¿por qué no el hombre?
Y, ¿por qué
motivo decidí que eran imperfectos desde su nacimiento? Según sus
enseñanzas, porque los primeros seres humanos fueron malos.
De este modo
comprobamos cómo se remitieron a las primeras tres ilusiones para
justificar las tres siguientes. Funciona así: cada nueva ilusión
provoca la siguiente y a su vez demuestra las anteriores.
Tu cultura dice
que cuando Adán y Eva pecaron, fueron expulsados del Paraíso y,
tanto ellos como su descendencia, perdieron la felicidad y el
derecho a la vida eterna. No sólo los sentencié a una vida de
limitación y esfuerzo, sino a la muerte (la cuarta ilusión),
condiciones que no sufrían antes de su tropiezo.
Otras culturas y
teologías que aún existen en su planeta, no aceptan la historia de
Adán y Eva, pero crearon su propia prueba de que existe un
requisito. La mayoría está de acuerdo con que ustedes son
imperfectos a los ojos de Dios y deben hacer algo para alcanzar la
Perfección, léase Purificación, Salvación, Iluminación...
Como creen que el
ser humano es imperfecto puesto que Yo mismo les he otorgado esta
característica, se lo atribuyen entre ustedes con toda libertad. Y
siempre esperan de los demás lo que creen que Yo espero: la
perfección.

Se pasan la vida
exigiendo perfección a los que ustedes mismos consideran
imperfectos.
Su primer error,
y el que suele resultar más caro, es hacérselo a ustedes mismos, y
después, cometen un segundo error al exigírselo a los demás. Así, es
imposible que alguien pueda cumplir... El requisito.
Los padres exigen
perfección de sus hijos y los hijos exigen perfección de sus padres.
Los ciudadanos
exigen perfección de su gobierno y el gobierno exige perfección de
sus ciudadanos.
La Iglesia exige
perfección de sus fieles y los fieles exigen perfección de su
Iglesia.
Los vecinos
exigen perfección de sus vecinos, una raza de otra raza, las
naciones de otras naciones.
Piensan que la
ilusión del juicio es real. Proclaman que si Dios los juzga, también
ellos tienen derecho a juzgar a los demás. Y así lo hacen.
Su mundo se
apresura a juzgar sobre todo a cualquiera que reciba premios como
fama, poder o éxito, lo cual se supone que sólo es digno de un ser
perfecto; y condena a cualquier persona que muestra la más mínima
imperfección.
Se han vuelto tan
fanáticos que es casi imposible convertirse en líder, héroe o imagen
pública, por lo que se privan justamente de lo que su sociedad más
necesita.
Han caído en su
propia trampa; no pueden liberarse de los juicios que se imponen a
sí mismos ni de los que Creen que Dios les impuso.
Sin embargo, ¿por
qué una simple observación sobre tu persona te hace sentir incómodo?
Afirmar que algo es de cierto modo, ¿se considera un juicio? ¿No
podría ser simplemente una observación? ¿Qué más da si alguien no
cumple con el requisito? ¿Qué importancia tiene?
Se hacen estas
preguntas.
Era evidente que
la sexta ilusión' tenía un defecto, hecho que debió haber puesto en
evidencia que la idea del juicio era falsa, pero los seres humanos
sabían, en un nivel muy profundo, que no podían abandonar la ilusión
o algo muy importante llegaría a su fin.
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Una vez más,
tenían razón. Pero también aquí cometieron un error. En lugar de
identificar la ilusión como tal y usarla para el fin que pretendía,
pensaron que debían corregir su defecto.
Con el fin de
corregir el defecto de la sexta ilusión crearon la séptima.

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