Te lo he dicho.
La ira es el anuncio del temor.
La ira de los
demás será parte de su ilusión de quiénes son y de quién eres tú. De
modo que el Maestro que hay en ti los perdonará, comprendiendo que
no saben lo que hacen.
Ésta es la clave
para expresar y experimentar la Divinidad en ti: el perdón.
Verás lo Divino
de ti cuando perdones lo que crees que no es Divino.
Lo mismo es
necesario para ver la Divinidad en los demás.
El perdón abre la
percepción.
Cuando te
perdones a ti mismo por lo que tú y los demás no son,
experimentarás lo que tú y los demás sí son. En ese momento
entenderás de verdad que el perdón en sí no es necesario. Pues,
¿quién perdona a quién? ¿y para qué? Todos Somos Uno.
Esto proporciona
una gran paz y reconforta profundamente. Les ofrezco Mi paz. La paz
sea con ustedes.
El perdón
es sólo un sinónimo de la palabra paz en el lenguaje del
alma.
Lo entenderás
profundamente cuando despiertes del sueño de tu realidad imaginaria.
Tu despertar
puede presentarse en cualquier instante y mediante cualquier
persona. Por lo tanto, honra todos los momentos y a todas las
personas, pues puede que tu liberación esté cerca. Será tu
liberación de las ilusiones; será el momento en el que podrás estar
con ellas, pero no en ellas.
Habrá más de uno
de estos momentos en tu vida. De hecho, tu vida ha sido creada sólo
para ofrecértelos;
Son los momentos
de gracia, cuando la claridad, la sabiduría, el amor, la
comprensión, la guía y la percepción se hacen en ti, a través de ti.
Ellos cambiarán tu vida para siempre, y muchas veces cambiarán
también la vida de otras personas. Precisamente uno de esos momentos
de gracia te condujo a este libro. Por eso puedes recibir y
comprender este mensaje. Es una forma de reunirte con el Creador.
La has logrado
con tu voluntad, tu franqueza, tu perdón y tu amor.
Tu amor al ser, a
los demás y a la Vida. Y, por supuesto, tu amor a Mí.

El amor a Dios es
lo que te trae a Dios. El amor al ser es lo que produce la
conciencia de esa parte del ser que es Dios y, por tanto,
sabe que Dios no viene a ti, sino a través de ti. Pues
Dios nunca está separado de ti, sino que es parte de ti
El Creador no
está separado de lo creado. El amante no está separado de lo
amado. Ésa no es la naturaleza del amor y no es la naturaleza de
Dios.
Tampoco es tu
naturaleza. Tú no estás separado de nada ni de nadie, y mucho menos
de Dios.
Esto lo has
sabido desde el principio. Esto lo has comprendido siempre. Ahora,
al fin, te estás concediendo el placer de experimentado; de vivir un
auténtico momento de gracia; de estar en comunión con Dios.
¿Cómo es estar en
tal comunión? Si en este momento te encuentras aunque sea al borde
de esa experiencia, ya sabes la respuesta. Si has hecho esa conexión
durante la meditación, aunque sea momentáneamente, ya sabes la
respuesta. Si has experimentado la increíble elevación que causan el
ejercicio o la experiencia física más estimulantes, ya sabes la
respuesta.
En el estado de
comunión con Dios desaparecerá temporalmente todo tu sentido de
identidad individual, pero sucederá sin la menor sensación de
pérdida, pues sabrás que sencillamente has realizado tu verdadera
identidad. En otras palabras, la has vuelto real.
Literalmente la has hecho real.
Te inundará una
dicha indescriptible y un éxtasis exquisito. Te sentirás unido al
amor, uno con todo, y nunca estarás satisfecho con menos.
Quienes han
tenido esta experiencia regresan al mundo y a su vida de una forma
nueva. Encuentran que se enamoran de todos los que se presentan en
su camino. Experimentan la Unión con los demás en asombrosos
momentos de Sagrada Comunión.
La
intensificación de la conciencia y el profundo aprecio de la
naturaleza los llevan a derramar inesperadamente lágrimas de
felicidad con el menor motivo. Y la nueva claridad con que ven todo
lo que los rodea los puede transformar. Con frecuencia comienzan a
moverse con más lentitud, a hablar con más suavidad, a actuar con
más bondad.
Estos y otros
cambios pueden durar varias horas, días, meses o años, o toda la
vida. La duración de la experiencia depende sólo de la elección del
individuo. Se desvanece por sí sola si no se renueva. Así como el
brillo de la luz se desvanece conforme nos alejamos de ella, así se
desvanece la dicha de la Unidad a me4ida que nos distanciamos de
ella.
Para permanecer
en la luz, hay que estar cerca de ella. Para permanecer en la
dicha, hay que hacer lo mismo.
Por eso te animo
a que, mientras vivas tu ilusión actual, hagas cuanto sea necesario,
cualquier actividad que te sirva para avivar tu conciencia día con
día: meditar, hacer ejercicio, rezar, leer, escribir o escuchar
música........